miércoles, 3 de marzo de 2010

La eterna melancolía del tiempo




Ver Synecdoche, New York fue una de esas experiencias traumáticas, donde tu cabeza se desprende y camina, y gira y grita y te desconoce. Una experiencia alienante, delirante, perturbadora y sobre todo confusa. Te obliga verla bajo el velo de la noche, sumergido en la soledad más aberrante y por ende, más compasiva. Te invita a exiliarte del mundo, de olvidar los retrovisores, de que te envuelvas en su humor y su angustia. Te individualiza.

Mi experiencia es una coincidencia-¿o quizá una consecuencia?- casi divina donde el tiempo, el humo y la oscuridad se mezclaron. Al final, por razones ajenas a mí, terminé llorando después de vivir angustiado. Cuento rápido mi odisea:

Soy un control freak del tiempo cuando veo las películas. No paro de ver el cronómetro: los segundos, los minutos, cada cambio en cada escena. La película iba inusualmente lenta, tras una hora, apenas marcaba 28 minutos, 28 minutos que se habían tatuado en mi mente. Y es que el tiempo es relativo, pensaba. La película continuo y continuo, y el reloj del DVD apenas marcaba 59 minutos. Otra vez, el tiempo es relativo, pensé con absurda certidumbre. Y se terminó la película, con apenas 71 minutos de metraje.

Puta madre, puto tianguis, no vuelvo a comprar allí- dije con furia contenida y con lágrimas que salían de algún lugar lejano a mi. Me levanté, fui a orinar y cuando vi el reloj ví que eran las 12:52. Había empezado a ver la película a las 9:40...

El tiempo no es tan relativo, pensé. Como el pétalo que se deprende de un cuerpo que muere, como el desnudo de una hija o como el desvanecimiento de nuestra vida a través del tiempo. La segunda tiene que ver que, por azares de mi pensamiento decidí fumar en mi cuarto y me mareé tanto que la película cobró un sentido tan vivo y real que no pude ser yo.

Podría decirles que la película es auto referencial, un meta relato, una historia que toma conciencia de su propia esencia y que se relata a través del cine, lo que la hace otra vez autoreferencial.

Podría decir que Charlie Kaufman es una persona tan contradictoria, tan densa, tan cómicamente nostálgica que lleva a cabo todas las constantes de sus antiguos guiones al paroxismo de la ambición. Podría decir que la película es inentendible, que es tan abierta a interpretaciones como pobres hay en México, que es una película acerca del tiempo, de las relaciones amorosas, del bloqueo creativo, de la familia y del pasado que nos encierra en surrealistas modos.

Pero no puedo, no debo y no creo que deba hacerlo. Esta película,más allá del lugar común de "una película sobre la vida"-y la muerte-es un retrato etéreo-valga la incongruencia- de lo absurdo, subjetivo y relativo que es el tiempo y por extensión, la existencia humana. Es una obra maestra-a mi gusto-, densa como pocos y tratada con una sensibilidad y una poesía al alcance de muy pocos. Es el aleph cinematográfico.

Synecdoche-sinécdoque en español- aparte de ser un juego de palabras de la película, es un título que refleja tanto en tan poco. Es la película de todos nosotros, habida y por haber.

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