martes, 7 de julio de 2009

El valor del cine

Con distancias o sin ellas, el cine se ha convertido en una fuerza de expresión que abarca todos los niveles de la vida. Lejos queda ya la etiqueta del cine igual entretenimiento. Queda claro, que al igual que la literatura, el cine desde la ficción puede criticar, ensayar y filosofar acerca de aspectos de la realidad que nos rodea, que nos rodeó y que nos rodeará.

La cualidad integradora del llamado séptimo arte no es, desde luego, una limitante que le obliga situarse incondicionalmente en el mundo fantasioso del arte-ocio, relación, al parecer inherente, sino que se obliga así mismo a revelar lo que sus protagonistas ven. De vez en vez oímos entre las plumas críticas el "cine denuncia" o "cine protesta", conceptos que generan opiniones divergentes como lo hace la religión o la política.

Sin embargo, es de aplaudir sea cual sea nuestra postura específica en determinados casos, que haya cintas que busquen una trascendencia más allá del vivir de la abstracción de las historias y los guiones. Así, la belleza visual y poética se puede conjugar con el imaginario personal y también con la crudeza de un realismo calcitrante. Si es demagógico, populista, apologías, ucronías, parcialidades, pseudo-intelectual o progresista, pasa a otro término-que no el segundo-, pero repito, es de aplaudir atrever a contar cosas que llegan a un estado social.

Películas como las que menciono quizá sobren, directores como Costa-Gravas [i]et altri[/i] han sabido abrirse paso en un nicho que se ha ampliado a manera universal. Es como aquel poema de Bendetti, del parcial o imparcial, síndromes adjuntos que si bien antagónicos, convergen en un mismo lugar, no intercalándose sino mezclandose.

Luego vendrán las películas.

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