
Jorge Luis Borges en "El Libro de los seres imaginarios" describía el hide-behind, ese ser que nadie nunca lo había visto pero que sin embargo siempre estaba detrás de nosotros, una sombra que no era sombra. Más adelante, Italo Calvino describiría ese ser como algo peor que un animal, como la nada.
Kim Ki Duk puede que haya logrado grabar al ser, por ínfimos momentos y bajo una lírica y una poética notable. Bin-jip(inmesiricordemente asesinada aquí bajo el título de "El espíritu de la pasión") nos cuenta una historia de amor atípica, sorda, muda. Con apenas diálogos, la cinta sigue los ejes de narración a través de una música de piano soberbia y con las miradas elegantes a la vez que sugestivas de los principales.
Kim Ki Duk hace gala de su talento visual y nos demuestra que el cine es más imagen que verbo, que sin palabras se puede contar un guión tan escueto como bello. A través de metáforas que hilvanan las secuencia de la historia, el amor puro triunfa ante una sociedad cada vez más occidentalizada y frívola.
La historia, una excéntrica metáfora, nos habla de un joven que trabaja en el día pegando publicidad en las casa y duerme en las noches en las casas de gente que se va de viaje, pero no nos vayamos con la finta y pensemos que es un delincuente, no. El joven es un fantasma que arregla relojes, básculas, juguetes, lava la ropa, riega las plantas. Cierto día entra a una casa "ausente" pero que nos muestra a una esposa golpeada y allí empieza el maratónico poema visual. En una primera hora soberbia y hermosa, romántica y silenciosa la película se convierte en una oda de colores, sentimientos, sonrisas veladas y cariño contenido.
La segunda parte, por decirlo de alguna manera, es más a la forma de Takashi Miike y su ritmo, violencia, referencias occidentales. Y allí es donde vemos el destape del fantasma, la corrupción de un sistema policial que siuiendo las pautas occidentales ha caido en los mismos errores. Pero siempre nos quedará el amor eterno, ese amor incombustible, inacabable, esos pasos ahogados, esa presencia dinámica y escondida, el hide behind existe...
Y así, el director surcoreano muestra ese entorno tan incoherente y tan falto de pertenencia que es hoy la sociedad oriental, que se debate entre el misticismo y tradición milenaria o el agitado ritmo engullidor de la modernidad.
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