viernes, 23 de octubre de 2009

So happy together





Ay Wong Kar Wai cuánto daño nos has hecho a los desolados de amor. Tus historias son como droga, una adicción tan fuerte que es imposible dejarla aún cuando sabes que terminarás con tu mundo interior despedazado. Y es que el director hongkonés(?) con su preciocismo, su fotografía cuidada y su experimentalismo en la cámara y los colores siempre logra desvirginar nuestro reacio sentir.

Esta vez toca turno a Happy Together, película basada en el "Buenos Aires affairs" de Manuel Puig, la película narra la historia de una pareja homosexual que se va a Buenos Aires y hasta allí la información. Porque la historia no es en sí atractiva, sino la misma de siempre, la mil veces contada. Lo maravilloso del film es ver el universo audiovisual de Wong Kar Wai, esos colores grises que sumen en la desolación, la desesperanza, y que luego se van convirtiendo en un amor que mata y en una muerte por no amar.

Porque al final, el amor es eso, sufrimiento, en primera por tenerlo y no poderlo disfrutar porque así es nuestra naturaleza, porque el amor es algo que no se controla ni se manipula, es una fuerza caótica incapaz de moldearse. Y en segunda, porque cuando no se tiene, su ausencia hiere y debilita, castra y fulmina. Cada acción, cada plano, cada toma, cada secuencia es un arrebato furibundo de energía, incluso donde se contienen se muestra ese huracán de emociones que rompen la estructura de lo que en principio parecería una película de silencios.

El director de In a mood for love o 2046 nos muestra su condición ecléctica o postmodernista-como diría Jordi Costa- en las selecciones de la música, empezando por un tango de Astor Piazzola pasando por el "cucurrucucú paloma" pasando por otros temas más caribeños o salserosos y retomando los tangos del maestro argentino, pero no solo eso, las locaciones, los detalles insignificantes muestra un carácter abiertamente globalizante-amén del fondo del homosexualismo-.

Finalmente, la película, un (des)romance homosexual no se queda en el valor polémico de la condición sexual, no, pasa de esa vacuidad que se hizo en otras películas-ejem como la de Ang Lee y los vaqueritos- y toca el tema con una naturalidad asombrosa, sin discriminaciones, ni miradas moralinas ni juicios a priori o a posteriori. Quizá no sea su obra más asombrosa, quizá no supo terminarla como es debido, quizás en su desarrollo se queda un poco plana, pero qué importa, cuando la ves, terminas por evocar y sentir emociones, algo que pocos cineastas pueden hacer.

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