lunes, 26 de octubre de 2009
Sueños de Arizona
Arizona Dream es una de esas películas raras, diferentes, excéntricas y que comercialmente son un fracaso. Es, además, el primer-y último- trabajo de Emir Kusturica en gringolandia, vió la luz en 1993 y no tuvo eco en la tierra del tío Sam. ¿Por qué elegí esta película siendo la más irregular de su insigne carrera? No lo sé, pero a mí me ha hipnotizado.
Para empezar cuenta con un elenco de primerísimo nivel que nunca, nunca desfallece. El protagonista es Jhonny Depp y de allí lo arropan con el legendario Jerry Lewis, el siempre diferente Vincent Gallo, Faye Dunaway y la sorpresa de la película Lili Taylor. Pero lo interesante de esta película es su humor absurdo, sus secuencias surrealistas, su trascendencia mezclado con inocencia. Kusturica ya mostraba su temática desde entonces.
Es una película de sueños, realidades, magia, amor, de padres, del tiempo y de muerte. Una película que explota-aunque más mesurado que los otros trabajos de Emir- en los dos lados de la vida, tanto el júbilo como la tristeza más triste. Quedarán en la historia algunas secuencias como la hilarante escena de la cena, o los constantes guiños cinéfilos hacia Scorsese, Coppola o Hitchcock.
Y así, se teje una historia entre metáforas-el pez-, donde la realidad se convierte en sueño y en pesadilla misma-así es la vida dicen en la película-.
viernes, 23 de octubre de 2009
So happy together
Ay Wong Kar Wai cuánto daño nos has hecho a los desolados de amor. Tus historias son como droga, una adicción tan fuerte que es imposible dejarla aún cuando sabes que terminarás con tu mundo interior despedazado. Y es que el director hongkonés(?) con su preciocismo, su fotografía cuidada y su experimentalismo en la cámara y los colores siempre logra desvirginar nuestro reacio sentir.
Esta vez toca turno a Happy Together, película basada en el "Buenos Aires affairs" de Manuel Puig, la película narra la historia de una pareja homosexual que se va a Buenos Aires y hasta allí la información. Porque la historia no es en sí atractiva, sino la misma de siempre, la mil veces contada. Lo maravilloso del film es ver el universo audiovisual de Wong Kar Wai, esos colores grises que sumen en la desolación, la desesperanza, y que luego se van convirtiendo en un amor que mata y en una muerte por no amar.
Porque al final, el amor es eso, sufrimiento, en primera por tenerlo y no poderlo disfrutar porque así es nuestra naturaleza, porque el amor es algo que no se controla ni se manipula, es una fuerza caótica incapaz de moldearse. Y en segunda, porque cuando no se tiene, su ausencia hiere y debilita, castra y fulmina. Cada acción, cada plano, cada toma, cada secuencia es un arrebato furibundo de energía, incluso donde se contienen se muestra ese huracán de emociones que rompen la estructura de lo que en principio parecería una película de silencios.
El director de In a mood for love o 2046 nos muestra su condición ecléctica o postmodernista-como diría Jordi Costa- en las selecciones de la música, empezando por un tango de Astor Piazzola pasando por el "cucurrucucú paloma" pasando por otros temas más caribeños o salserosos y retomando los tangos del maestro argentino, pero no solo eso, las locaciones, los detalles insignificantes muestra un carácter abiertamente globalizante-amén del fondo del homosexualismo-.
Finalmente, la película, un (des)romance homosexual no se queda en el valor polémico de la condición sexual, no, pasa de esa vacuidad que se hizo en otras películas-ejem como la de Ang Lee y los vaqueritos- y toca el tema con una naturalidad asombrosa, sin discriminaciones, ni miradas moralinas ni juicios a priori o a posteriori. Quizá no sea su obra más asombrosa, quizá no supo terminarla como es debido, quizás en su desarrollo se queda un poco plana, pero qué importa, cuando la ves, terminas por evocar y sentir emociones, algo que pocos cineastas pueden hacer.
jueves, 15 de octubre de 2009
El fantasma y su palo de golf Iron 3
Jorge Luis Borges en "El Libro de los seres imaginarios" describía el hide-behind, ese ser que nadie nunca lo había visto pero que sin embargo siempre estaba detrás de nosotros, una sombra que no era sombra. Más adelante, Italo Calvino describiría ese ser como algo peor que un animal, como la nada.
Kim Ki Duk puede que haya logrado grabar al ser, por ínfimos momentos y bajo una lírica y una poética notable. Bin-jip(inmesiricordemente asesinada aquí bajo el título de "El espíritu de la pasión") nos cuenta una historia de amor atípica, sorda, muda. Con apenas diálogos, la cinta sigue los ejes de narración a través de una música de piano soberbia y con las miradas elegantes a la vez que sugestivas de los principales.
Kim Ki Duk hace gala de su talento visual y nos demuestra que el cine es más imagen que verbo, que sin palabras se puede contar un guión tan escueto como bello. A través de metáforas que hilvanan las secuencia de la historia, el amor puro triunfa ante una sociedad cada vez más occidentalizada y frívola.
La historia, una excéntrica metáfora, nos habla de un joven que trabaja en el día pegando publicidad en las casa y duerme en las noches en las casas de gente que se va de viaje, pero no nos vayamos con la finta y pensemos que es un delincuente, no. El joven es un fantasma que arregla relojes, básculas, juguetes, lava la ropa, riega las plantas. Cierto día entra a una casa "ausente" pero que nos muestra a una esposa golpeada y allí empieza el maratónico poema visual. En una primera hora soberbia y hermosa, romántica y silenciosa la película se convierte en una oda de colores, sentimientos, sonrisas veladas y cariño contenido.
La segunda parte, por decirlo de alguna manera, es más a la forma de Takashi Miike y su ritmo, violencia, referencias occidentales. Y allí es donde vemos el destape del fantasma, la corrupción de un sistema policial que siuiendo las pautas occidentales ha caido en los mismos errores. Pero siempre nos quedará el amor eterno, ese amor incombustible, inacabable, esos pasos ahogados, esa presencia dinámica y escondida, el hide behind existe...
Y así, el director surcoreano muestra ese entorno tan incoherente y tan falto de pertenencia que es hoy la sociedad oriental, que se debate entre el misticismo y tradición milenaria o el agitado ritmo engullidor de la modernidad.
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